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Archive for 25 mayo 2010

Uno de los estigmas que, hasta hoy, debe cargar el ciberespacio, es la poca seriedad que se le ha atribuido a las diferentes dimensiones que componen su enorme realidad. 

Desde la desconfianza que poseemos, respecto de la información que lo circunda, hasta la incredulidad gerencial en cuanto a la intervención, necesidad e idoneidad de los llamados arquitéctos de la información.

Lo anterior, a pesar de que los actuales capitales que mueven al mundo, como son los de Microsoft o Google, provienen de esta misma localidad.

El problema es que la virtualidad, hace rato, dejó de ser un pasatiempo y se trasformó en la principal arma de subsistencia del mundo contemporáneo. Me refiero a herramientas como la comunicación a distancia o el trabajo colaborativo.

Entonces ¿por qué no ceder y concentrarse en superar los escollos que persisten en la Web? Entendiendo a ésta última como la vereda más visible de la Supercarretera de la Información.

La AI culpará, con humildad, a la ambigüedad de su autodefinición, yo, en cambio, a la subestimación y desconsideración que aún persiste hacia los usuarios.

Supuestamente, consumidores ingenuos de un espacio que siempre ha sido menospreciado por el poder, siempre temeroso de perder su influencia a manos de la inteligencia colectiva (en la Web 2.0).

¿O acaso la mala reputación de Wikipedia no se debe a que permite la intervención permanente y libre de los usuarios? ¿Quién nos dice que su participación debe ser cuestionada?

Así como en el pasado, el esfuerzo humano se concentró en la evolución de la locomotora, a pesar de que se la consideró un monstruo de mil cabezas, hoy, es tiempo de confiar en la pertinencia de la arquitectura de la información.

Un campo holístico capaz de construir los cimientos de la Sociedad Informacional, a través del desarrollo de Webs semánticas o inteligentes. Es decir, estructuras lógicas y organizaciones inteligibles que nos ayuden a salir de la inercia, generando reacciones, encontrando respuestas  y completando tareas propias de esta nueva realidad.

Si usted tiene una Web supere el prejuicio de la banalidad, que pesa sobre el ciberespacio, y asuma sin temor que el mundo cambió y que puede resultar fácil y exitoso adaptarse y sacar provecho de él.

“Los costes de un mal  sistema de navegación en una gran empresa pueden alcanzar millones de dólares en perdida de productividad de los empleados”

Si usted tiene un sitio Web ya dio el primer paso, ahora podría seguir su camino aplicando estos consejos:

  1. Diseñe bajo la lógica de “menos es más”: trate que su interfaz sea simple, limpia, de colores claros y que la información importante se ubique en la parte superior de la home. Ejemplo, la de Twitter,  limitada, casi exclusivamente, a la interfaz de la pregunta.
  2. Incruste algunas redes sociales: http://www.slideshare.net/mzkagan/what-the-fk-social-media
  3. Sea una multiplataforma: tenga presente que ya no sólo se navega por el computador, sino también vía Iphone, iPad o Blackberry, por lo tanto, construya su Web pensando en que lo podamos ver en todas partes.  
  4. Innove: evite ser un recogedor de información o copiador de otros sitios, cambie, actualice, pero generando contenido.

 

 

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Estudio periodismo y El Navegador es el periódico digital de mi escuela, una verdadera oda al antiperiodismo digital que con tanta desfachatez criticamos en el aula.

Con un bonito nombre del que pudo sacar partido, se convirtió en una vitrina egoísta que sólo permite saciar las ansias exhibicionistas de futuros periodistas que anhelan escribir para ellos mismos. Monstruoso, pero cierto.

Si no me creen, vean esto. ¿A quién le interesa esta historia?. A nadie más que a su redactor, porque quien escribe tiene que ser amigo de Junior, no existe otra explicación. No intenten opinar, concientes de su realidad, no ofrecen esa opción.

Pero en fin… pensemos en que ahí también cohabitan artículos de calidad, pensados y dedicados al lector; y pasemos al aspecto más técnico de la cuestión.

Toda la carne a la parrilla

A lo largo de la home se pueden contar 38 enormes enlaces a sus artículos, con al menos un año de diferencia entre la noticia más antigua y la más actual. Todos encasillados ordenadamente en una especie de nichos que imitan las secciones de los pasquines impresos.

A los anteriores, les siguen artículos aún más añejos y que, por pudor o por espacio, valla uno a saber, se presentan algo menos destacados. Afortunadamente, nadie baja tantas millas con el croll. ¿Por qué ese afán de colocar todo el contenido en un solo lugar?. El temor es que siga creciendo ¿o no?.

Definitivamente, El Navegador, tomó lo peor de las ediciones impresas y olvidó por completo lo cautivamente que puede resultar el uso de titulares potentes y una buena combinación de colores. Tanto textos como enlaces aparecen con un sólo tipo de letra, además de tener un mismo tamaño y color. Todo esto, sumado al incansable surfista que distrae durante toda una lectura que ya es harto sacrificada.

Aunque no sea la más indicada para decirlo, El Navegador publica, en su mayoría, artículos que no han sido hechos en un lenguaje adecuado para la Web. Valla aquí un ejemplo: mi propio texto, jamás lo hice pensando en el usuario Web. Del editor de texto al portal, parece ser la lógica.

Siendo el medio digital oficial de una escuela de periodismo me parece imprescindible reconstruirlo y de paso presentarle a sus editores un personaje fundamental: el usuario.

En este caso, afortunadamente, no todo está perdido si se toman en cuenta algunas de las consideraciones que menciona Mark Briggs en Periodismo 2.0. Hacer del medio una fuente de contenido y funcionalidad, es decir, buscarle valor a través de las acciones de los usuarios debe ser el objetivo en adelante.

Y no estoy pensando sólo en el usuario externos, sino también en los alumnos que podrían encontrar aquí una verdadera base de datos, listado de fuentes, autoridades, actividades a reportear etc.

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